El cuatro de
abril de 1968, casi cuarenta y cuatro años atrás, el Dr. Martin Luther King fue
asesinado. Este mes, hace ochenta y tres años, en Enero 15 del 1929 había
nacido en Atlanta, Georgia, y la nación que fue testigo de su larga dedicación
y ardua senda al martirio que se ha convertido en su huella en esta tierra se
detiene por unas horas para encender una vela en la tercera semana del mes y
recordarlo con respeto.
No creo que sea
capaz o siquiera autorizado para escribir sobre la vida de este hombre y
reflexionar sobre la dimensión verdadera
de su vida. Pero eso está bien. Otros han hecho lo mismo con mas prosa y sabor
que yo, tal vez con mas derecho también. Pero yo creo que puedo compartir un
pensamiento o dos con mis lectores sobre una vida que se ha convertido en un
faro de esperanza para la raza humana, una luz que fue extinguida por una mano
criminal que representaba lo peor en todos nosotros, pero un faro que sigue
brillando hoy día.
Es fácil
reflexionar sobre su vida y perder el significado y alcance verdaderos de lo
que hizo. Uno recuerda las caras
cansadas y enojadas de aquellos que marchaban con él y podríamos llegar a la
conclusión errónea de que lo que hacia era luchar por una causa negra
solamente. No me entiendan mal, su
objetivo inmediato fue mejorar las condiciones de vida de sus raíces y su raza,
pero ese tren no se suponías que parara en esa estación. Su objetivo fue
liberarnos a todos nosotros. No me importa si nuestra piel es blanca o
carmelita; si sufrimos una injusticia él murió por nosotros también.
Este mes,
mientras nos sentamos y observamos las controversias que rodean al proceso de
nuestra primaria electoral, contemplamos una nación, los Estados Unidos del
siglo 21, que toma forma en frente de nosotros y no tenemos otro recurso que no
sea maravillarnos de la visión que sostuvo al doctor King en su camino a la
eternidad. Ahora sabemos que mantenía esa esperanza: “Yo tengo un sueño,” dijo
en Washington en Agosto 28 de 1963,”que mis cuatro hijos pequeños algún día
vivirán en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por
el contenido de su carácter.”
Desde
luego, todavía existen algunos que odian y se revuelcan en el lodo del prejuicio
porque no tienen otra forma de expresar sus creencias débiles y confunden la
tradición con la inacción. Pero esas arenas de ignorancia y falta de
entendimiento están siendo eliminadas por un tsunami oceánico de fe en el futuro de los Estados Unidos. Y
hay muchos otros que están ansiosos por alzar sus ojos y ver el tope de la montaña
que se convirtió en la única revelación en aquel momento para el Dr. King. No
sabemos cuales son los detalles de la dirección en que esta nueva esperanza nos
va a dirigir. No podemos definir el final del camino en términos de
personalidades, en realidad es irrelevante, pero estamos absolutamente seguros
de que este nuevo paradigma es la cosecha de una semilla plantada por un hombre
llamado Martin que no temía morir por sus sueños. La muerte, después de todo,
nos afecta a todos mas tarde o mas temprano; la inmortalidad solo a unos pocos.
Y ese es mi punto de vista hoy.
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Recientemente, mientras observaba los procedimientos senatoriales sobre la nominación bien ganada y su nombramiento mejor merecido de la Jueza Sonia Sotomayor a la Corte Suprema de los Estados Unidos, fui testigo una y otra vez de los comentarios frecuentes de algunos senadores, desafortunadamente todos ellos Republicanos (*), desde luego, acusando a la nominada de activista y de usar empatía en sus juicios. Y digo “desde luego” con pena. Después de doscientos treinta y tres años de libertad todavía tenemos algunos miembros del Senado que no parecen entender lo que esa liberación significa para el resto de nosotros.
Una mujer en Azle, Texas, recientemente desplegó un signo en frente a su casa que molestó a sus vecinos del Condado de Tarrant donde vive porque leía “Hispanos, Manténganse Fuera.” “Bueno, para que se enteren, no me importa,” declaró la señora de setenta y dos años cuando abrió la puerta de su casa. “Estoy muy disgustada porque también vienen aquí ilegalmente.” La señora no quiso identificar su nombre. “Creo que es nuestro privilegio como americanos proteger nuestra propiedad,” añadió. “! Esta es nuestra propiedad!” ¿Hay alguien que necesita empatía? Tuve imágenes de Americanos Nativos posteando letreros en sus chozas en los años mil seiscientos que leían “Peregrinos extraños, manténganse fuera.” Eso se habría notado entonces para la Historia, ¿no lo creen?
Para que usted sepa algo de esa ciudad, visitemos y leamos su sitio oficial del Web: “Azle está localizada en la Carretera Estatal 199, catorce millas al noroeste de Forth Worth y se halla en la línea del condado de Tarrant/Parker. Tiene un estimado de 10,950 residentes…. Azle es una comunidad planeada maestramente que ofrece calidad de vida que todos pueden disfrutar (Mi nota: No los hispanos, por favor.) Rodeada de colinas y árboles, con la porción oriental de la ciudad limitada por las costas del lago Eagle Mountain, Azle provee un sitio ideal de vecindarios pacíficos. Azle es un gran lugar para descansar; visite usted uno de sus parques; goce las actividades acuáticas en el lago Eagle Mountain; lea un buen libro en la Biblioteca Memorial de Azle, o disfrute del reto de jugar golf en su curso municipal de 18 hoyos Cross Timbers Golf Course.” (Fuente: http://www.ci.azle.tx.us/)
La señora no está sola, desde luego (aquí va otro “desde luego.”) Algunos senadores, incluyendo el Senador John McCain que recientemente trató de convencernos a los Latinos para que votáramos por él como Presidente en las elecciones nacionales, decidieron votar en contra de la Jueza una vez más. Quería consistencia; él votó en su contra cuando fue nominada para la corte federal que ocupaba anteriormente. Estuve en eso antes, lo hice otra vez; posiblemente dijo. La empatía otra vez me imagino, “desde luego.
Esa palabra, “empatía,” seguía apareciendo en mi mente mientras los senadores usaban su derecho legitimo constitucional para oponerse al nombramiento de la jueza a la Corte. Ellos pueden revestir sus opiniones de la manera que quieran, pero en mi mente de “Latino Sabio” avejentada lo único que veo es racismo puro y simple, “desde luego.” Pero demos una tregua a esa gente, ¿no lo creen? Dejaré solo al punto racista y volveré a visitar los comentarios de empatía que nos parecen ser tan ofensivos.
De acuerdo con el diccionario, “empatía es la capacidad de compartir y entender las emociones y los sentimientos de los demás. Se caracteriza frecuentemente como la habilidad de “ponerse en los zapatos de otros.” Empatía no quiere decir necesariamente compasión, simpatía o preocupación empática porque esa capacidad puede estar presente en un contexto de comportamiento compasionado o cruel también.” (Fuente: Wikipedia.)
Es decir, de acuerdo con estos senadores, un juez de la Corte Suprema no puede ser “empático.” De acuerdo con estos parlamentarios los jueces se suponen que emitan deducciones claras que provienen de principios constitucionales previos y no “crear” nuevas leyes. Bien, usemos un par de casos que pueden generar luz.
Sentado en la mesa de un restaurante con my yerno-abogado, un vaso de vino en la mano “desde luego,” su interés sobre derecho constitucional en la escuela de derecho en el pasado, discutíamos el concepto de la empatía en los jueces. El no podía ver sentido alguno sobre esa cuestión en las mentes y las voces de los senadores que se opusieron a la Jueza Sotomayor. Rápidamente nos referimos a dos ejemplos donde fue evidente que los jueces fueron revolucionarios en concepto y filosofía, tal vez hasta empáticos, y no simplemente copiando casos del pasado.
El primero fue Brown v. la Junta de Educación de Topeka, Kansas. Esa decisión histórica adoptada en Mayo 17 de 1954 decidió unánimemente que las leyes estatales estableciendo escuelas públicas separadas de blancos y negros le negaban a los niños negros una oportunidad educacional igual y eran inherentemente desiguales.” Como resultado, esa segregación de hecho se definió como una violación de la Clausula de Protección Igual de la Enmienda 14 de la Constitución de los Estados Unidos. Esa victoria abrió el camino para la integración y el movimiento de derechos civiles que parece molestar a la señora de Azle, Texas. Para nuestra información, la Enmienda Catorce a la Constitución fue adoptada en Julio 9 de 1868, inmediatamente después de la guerra civil. Por ochenta y seis años, hasta 1954, la Enmienda se mantuvo erecta y silenciosa mientras la segregación escolar tenía lugar y los jueces que no eran empáticos parecían no saberlo.
Otra decisión de la Corte, una que es tan controversial hoy como lo puede ser cualquier otra controversia, fue la famosa decisión de Roe v. Wade de Enero 22 de 1973 relacionada con el aborto. Ahora bien, yo no soy experto legal y no quiero meterme entre los oponentes y simpatizantes de esa decisión porque es muy sensitiva desde muchos ángulos y aspectos, incluyendo el de las creencias religiosas. Pero es la ley, y todo lo que quiero decir es que en ninguna parte de la constitución de los Estados Unidos existía específicamente una referencia a favor o en contra del derecho de una mujer a tener un aborto. La Corte declaró, sin embargo, que “Los estatutos (estatutos son siempre estatales) del aborto eran inválidos y vagos y se excedían en la infracción de los derechos de Mrs. Roe y los derechos generales de las Enmiendas Nueve y Catorce de la Constitución.” Añadieron también los jueces lo siguiente: “La Constitución está hecha para un pueblo con puntos de vista fundamentalmente diferentes y el accidente de nuestra investigación descubriendo ciertas opiniones naturales y familiares o novedosas y hasta ofensivas para algunos no debe tomarse como conclusión definitiva que nuestro juicio sobre esos estatutos indican que están en conflicto con la Constitución de los Estados Unidos.”
La Enmienda Nueve, adoptada en 1789, ciento ochenta y cuatro años antes de Roe v. Wade, lee como sigue: “La enumeración en la Constitución de ciertos derechos no debe ser interpretada como negar o disparatar otros derechos retenidos por el pueblo.” ¿Creen ustedes que los jueces adoptaron, adaptaron o crearon aquí? No siendo yo un abogado constitucional les dejo la respuesta a esos expertos, pero es claro para mí que esto fue una legislación nueva y no simplemente una copia de carbón de la constitución. Si usted tiene alguna duda pregúntele a aquellos que todavía están tratando de cambiar esa ley apasionadamente.
¿Estaban los magistrados sintiendo empatía hacia alguien en alguno de los casos citados anteriormente? Sea usted el juez esta vez. En cuanto a los senadores que tan vehementemente acusaban a la Jueza Sotomayor de practicar el juego empático, yo creo que la mayoría de ellos aseguran ser buenos Cristianos. El Cristianismo se basa en la creencia de que Jesús murió por toda la humanidad porque sintió empatía por esa humanidad. ¿Qué es erróneo con ese sentimiento? “Errar es humano, pero perdonar es divino,” dijo el gran poeta británico Alexander Pope.
Y ese es mi punto de vista hoy, desde luego.
(*) Para ser justos con los Republicanos, algunos de ellos votaron por la Jueza Sotomayor.