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Hola y Bienvenido

 

“Recirculando”

Una Novela por Paul V. Montesino, PhD

copyright 2005


SI USTED QUIERE QUE LE NOTIFIQUEMOS CUANDO EL PROXIMO CAPITULO DE “RECIRCULANDO” SE PUBLIQUE EN ESTA PAGINA DE WEB. POR FAVOR ENVIENOS UN E-MAIL.  NUEVOS CAPITULOS SE TRADUCEN DE SU VERSION INGLESA CADA TRES SEMANAS APROXIMADAMENTE. LA OTRA OPCION ES VISITARNOS TAN FRECUENTEMENTE COMO PUEDA Y PATROCINAR A NUESTROS ANUNCIANTES MIENTRAS TANTO. NOSOTROS HACEMOS PUBLICO UN SOLO CAPITULO A LA VEZ.

CAPITULOS PUBLICADOS ANTERIORMENTE SE VENDEN A $2.50 POR CADA TRES Y $1.00 DE FRANQUEO DE CORREOS Y GASTOS DE ADMINISTRACION POR UN TOTAL DE $3.50.  POR FAVOR DEJENOS SABER QUE CAPITULOS USTED DESEA Y ENVIENOS UN CHEQUE PAGADERO A MONTESIN ENTERPRISES LLC, CON SU NOMBRE Y DIRECCION COMPLETAS.  ENVIELO A: RECIRCULANDO, MONTESIN ENTERPRISES, PO. BOX 1047, WATERTOWN, MA 02471-1047.  GRACIAS. 

Prólogo.

El objetivo del cerebro humano es sobrevivir, lo que significa que el resto del cuerpo perdura con él; su naturaleza no difícil de figurar. Es un gran drama de la especie que se representa en el teatro local de su cráneo. La mente, la expresión del cerebro, quiere ser reconocida, aceptada, amada, tener un impacto en sus alrededores, lo que se llama “hacer una diferencia.”

A través de la historia escrita, la humanidad ha aplicado consistentemente ese instrumento de libra y media de materia a reconciliar su imagen narcisista y egoísta con la realidad inevitable y humilde de la muerte que la confronta. La mente tiene problemas concibiendo su opuesto, no mente. En ese proceso ha “descubierto,” “inventado,” “confeccionado,” “reclamado ” o, por lo menos, “aceptado” haber recibido de un mundo del mas allá complicadas y, en muchas ocasiones, educadas, elaboradas y sofisticadas fantasías de ambientes de otra vida futura donde dioses y otras figuras celestiales existen y, no teniendo mas nada que hacer, se ocupan constantemente con los aspectos triviales, repetidos e irrelevantes de nuestras breves existencias mundanas. ¡Que aburrido!

Que esas fantasías han sido apoyadas por la tradición las han hecho más fáciles de aceptar sin dudar. Después de todo, ¿que puede estar equivocado con una creencia muy vieja que nos precede y que nos hace sentir bien?

No es nuestra posición u objetivo decir si esas creencias son posibles o no, en realidad son todas especulativas, su conjetura tan buena o mala como la mía. Nuestra ciencia y nuestros pensamientos se han visto constantemente envueltos en conflicto tras conflicto, los unos con los otros, sobre el significado del origen y fin de la vida, hasta que un nuevo y desalmado descubrimiento científico disuelve la luz y razón fundamental de algunas de esas creencias conflictivas como si fueran luciérnagas o cocuyos que se deshacen en la oscuridad.

Algunos de esos conflictos están todavía con nosotros, tal vez siempre lo estarán. El tema perenne de la evolución es uno de ellos. Otros, como el tema del diluvio universal, la teoría de la “Gran Inundación” y el Arca de Noe, fue un acompañante de todas las interpretaciones “científicas” de la naturaleza y la longevidad de la tierra hasta que la teoría de los glaciares apareció y echó todo abajo.    

Hay todavía quienes juran en favor de la tesis del diluvio universal y la “Gran Inundación.” Tal vez no lo hacen tan abierta y ruidosamente como aquellos que, basados en la fortaleza de creencias religiosas que han estado con nosotros por unos cuantos miles de años, todavía luchan contra sus superintendentes de escuela local o estatal tratando de suprimir ideas evolucionistas en un mundo en el que miles de especies se han ido para siempre sin que lo hayamos notado en una realidad evolucionista de cientos de miles o tal vez millones de años de existencia. Desafortunadamente, cuando la creencia suplanta a la realidad, las gentes se llenan de rencor. Es entonces que el mundo se vuelve propicio para nuestra próxima Recirculación.



Hats - Read our literary articles in English or Spanish    

Capítulo Dos
La crisis en el mar: Parte I

  El compás cadencioso del taxi invitó a Robert a quedarse dormido. Lo había resistido en el vuelo con éxito, pero la tensión y la ansiedad de los últimos días y la pérdida de control de un itinerario que se hallaba ahora en manos de otro lo venció.  Se sentía soñoliento, experimentando una mezcla agitada por la presencia de memorias de la cadena de eventos que lo habían traído al norte de California con la realidad de los amortiguadores y el ruido del vehículo donde ahora viajaba. Le parecía estar viviendo en dos mundos diferentes; el presente que le llevaba a Moffett y el otro donde todo se había desmoronado... sus emociones oscilando de uno al otro.

El día había comenzado dos semanas atrás con una neblina ligera que se extendía hasta el horizonte del Océano Pacífico y que el pronóstico del tiempo indicaba se levantaría a media mañana. Tres ingenieros de NASA, cansados y curiosos a la vez hicieron su aparición en el largo muelle tal como lo habían anunciado después de volar desde la Costa Oriental durante toda la noche, un viaje que los hacia lucir, mas que fatigados, exhaustos.    

Eran de mediana edad, vestidos con chaquetas grises y azules con el logo de NASA tejido en sus pecheras, y Robert notó con cierta risibilidad que todos usaban shorts de estilo Bermuda, probablemente sobras de la Florida cálida de donde provenían. Robert y su primer oficial habían esperado por ellos impacientemente desde la alborada, habiendo pasado la noche anterior en algunas de las preparaciones requeridas por la visita
 y las pruebas de los recién llegados.

Los miembros de la tripulación habían inspeccionado el equipo electrónico localizado en el amplio cuarto de ingeniería para asegurarse de que todo estaba en orden. Acompañados por algunos directores de tráfico aéreo proveídos por la Administración Federal de Aviación (FAA,) escuchaban intensamente la frecuencia del tráfico aéreo que salía y llegaba a LAX, el nombre con el que se conoce al aeropuerto internacional de Los Ángeles.  Robert estaba satisfecho de lo que veía; se sentía optimista sobre las pruebas. 

“Buenos días,” dijo el mas bajo de los tres hombres que parecía ser el ingeniero jefe de NASA, mientras Robert y Jerry Mendoza, su primer oficial y asociado en la compañía, se acercaban a ellos con manos derechas extendidas en gesto de saludo. “Yo soy Lou Johnson,” expresó el ingeniero jefe. Y después, volviéndose y señalando a sus asociados en orden de presentación,”y estos compañeros aquí son el Doctor Mark Lewinstein y el Teniente Argibald McCain. Ustedes lo pueden llamar Argie.” 

Lou Johnson, su amistoso acento sureño evidente, se sonrió con una campreste expresión de amistad y respeto. Él notó a varios miembros de la tripulación de la Aurora II, que así se llamaba la nave, apoyándose en la barandilla del barco.

“Buenos días para ustedes también, mi nombre es Robert Johnson, no pariente de usted estoy seguro. Bienvenidos a Long Beach y a la Aurora II. Y este que está aquí es Jerry Mendoza, mi mano derecha e ingeniero jefe.” Todos intercambiaron estrechones de manos y comenzaron a caminar hacia la ancha pasarela del barco, la gris e impresionante presencia del viejo bote dominando el panorama. La altura de seis pies de ambos, Roberth Johnson y su asociado Jerry Mendoza, contrastaba con la de sus visitantes recién llegados. Robert, de piel de color ligera, sus ojos azules y cabello velludo rubio; Jerry Mendoza, su piel aceitunada, con ojos penetrantes negros, probablemente de extracción latina como su apellido indicaba, sin mucho pelo en su cabeza casi calva de unos cincuenta años. 

“Tenemos unos cuantos equipos en nuestra camioneta que les agradeceríamos nos ayudaran a traer,” dijo Lou Johnson mirando y señalando hacia el barco y asentando con su cabeza en un gesto que podía interpretarse como de aprobación y admiración, “son muy pesados y difíciles para traerlos a bordo por nosotros mismos.”  Él no parecía un tipo atlético; es mas que se veía hasta con un poco de sobrepeso, a diferencia de sus dos asociados que no solo lucían más jóvenes sino que aparentaban tener características musculares más fuertes.

“No hay problema,” contestó Robert, “Jerry puede conseguirnos a algunos de los miembros de la tripulación para que nos den unas manos y tendremos mucho gusto en ayudarlos a cargar sus instrumenyos a bordo. Estamos ansiosos de comenzar.”

Una hora después más o menos, todo el equipo de prueba de NASA colocado sin contratiempos a bordo, sus cables eléctricos listos para ser enchufados, los motores del barco comenzaron a zumbar. 

“¿Cual es nuestro destino?” preguntó Lou Johnson mientras sacaba una pipa de tabaco de su bolsillo. Y entonces, defensivamente, “O, no se preocupen. Yo no la fumo. Solamente la muerdo. Me ayuda a mantener la mente clara,” dijo mientras se reía.  

“Si mi entendimiento de las instrucciones que recibí de su oficina de la Florida está correcto, tenemos que navegar unas trescientas millas náuticas hacia el suroeste de aquí y detenernos para la primera prueba. No estamos seguros de lo que esa prueba va a ser,” respondió Robert.

“Correcto,” confirmó Lou, “nosotros no sabemos los detalles de las pruebas tampoco. Se supone que sean confidenciales. Eso es parte del trato que usted hizo. En caso de emergencia, no sabemos lo que el trasbordador va a hacer. Planear el viaje es una cosa, planear una emergencia específica es otra. Es por eso que hacemos las pruebas a mar abierto, no aquí en el muelle o en simulaciones de computadoras. Sabremos lo que la prueba va a ser cuando les envíen a ustedes los detalles a través del cablegrama.”

“Nosotros entendemos,” contestó Robert con un repentino fruncir de inseguridad de ceño sobre su frente. Y tratando de cambiar el tópico hacia un asunto mas positivo, “Yo presumo que ustedes querrán algo de comer,” dijo sonriendo.
 
“O, desde luego. Eso sería ideal.”

“Jerry, ¿puedes ver si Tom está ocupado por favor?” preguntó Robert Johnson a su primer oficial.

“Sí Bob; a propósito, yo creo que Tom está preparando el almuerzo ya; pero eso será para mas tarde. Yo le puedo pedir que nos prepare algunos bocaditos, leche, café y jugo para estos amigos.”

“¿Como no? Eso está bien,” contestó Lou satisfecho.

“Vamos a navegar en unos minutos y no llegaremos hasta el punto de las pruebas hasta muy tarde esta noche o tal vez en la mañana. Esta nave viaja rápido. ¿Hay algo mas que pueden o quisieran hacer mientras tanto?

“Sí, ya que lo menciona, nos gustaría hacer un recorrido de inspección por el barco. Necesitamos saber su capacidad, las condiciones del cuarto de motores, facilidades…,” contestó Lou Johnson, “tenemos una lista que chequear bastante extensa. Creo que lo mejor es que comencemos ahora y entonces continuar cuando regresemos del área de prueba si es satisfactorio para ustedes.” Robert asintió moviendo la cabeza de arriba a abajo.

“Y también tenemos que determinar donde planean tener las facilidades médicas,” añadió el hombre que respondía al nombre de Doctor Lewinstein. “Yo tengo experiencia médica y quiero asegurarme que tendremos todo lo que necesitarán, cuanto de ello será suministrado por nosotros, cosas así. Nosotros tenemos ciertos estándares para los astronautas y queremos asegurarnos que proveemos ese equipo. Todo les será enviado e instalado por nuestro propio personal, pero yo necesito saber exactamente cuanto espacio tendremos disponible.”

“Yo entiendo,” dijo Robert.

“Ah, y también queremos chequear la cubierta de aterrizaje de los helicópteros. Yo creo que la vi cuando llegamos, pero no en gran detalle. Estaba algo bloqueada de mi vista,” añadió el otro hombre, el que se llamaba Argie, “¿Ustedes lo han usado alguna otra vez?

“En realidad la cubierta de aterrizaje era parte de la nave, pero no se había usado por largo tiempo y lo que hicimos fue añadir ciertos refuerzos a su fundación basados en el peso de los helicópteros de la marina que ustedes nos indicaron en la Solicitud de Proposición y creo que es suficientemente seguro.  La pintura amarilla que ustedes requieren se va a añadir tan pronto regresemos,” contestó Robert.

“Bien; eso lo chequearemos. Estoy seguro que a las Focas de la Marina les va a gustar ese color. Ellos odian aterrizar en medio de la oscuridad sobre la cubierta gris de un barco. Una vez que ustedes hayan terminado con sus preparativos van a conducir un aterrizaje de prueba también.”

En ese momento, mientras la nave comenzaba a moverse a ambos lados, todos se dieron cuenta de su partida, un hecho confirmado por tres o cuatro sonidos de su sirena.

En el próximo capítulo: La crisis en el Mar Parte II

Capitulo Numero Uno
El Comienzo de la crisis

Era ya una hora muy tarde de otro día claro típico de California cuando el perfil de la  forma plateada del vuelo 250 oriundo de Long Beach se vio posándose graciosamente sobre la pista del Aeropuerto Internacional de Oakland. El sol había comenzado su rojizo descenso sobre el horizonte distante, una vista que en otras ocasiones Robert Jonson hubiera apreciado y disfrutado. No esta vez.

Su vida profesional había tomado una trayectoria súbita nada deseable durante las últimas semanas y tenia la impresión de que ese cambio repentino iba a hacer mas difícil controlar las consecuencias desagradables de la nueva dirección no solo porque eran negativas sino también porque no era capaz de adivinar su solución o siquiera su origen.  Desde que su esposa Dolores había fallecido repentinamente de una enfermedad cardiaca no diagnosticada hacía seis años él había tratado de reorientarse, y en general las cosas no habían ido muy mal. No era solamente por su propio beneficio que lo hacía sino por la felicidad de su única hija Rosalind, ahora una estudiante en el penúltimo año de la escuela de Antropología de UCSB, la dependencia en Santa Bárbara del Sistema de Universidades del Estado de California.

Cuando el avión se acercó a la salida de arribo asignada a su vuelo, la nave tuvo que esperar por varios minutos interminables para permitir la salida de otra, una demora que tenía sensación de eternidad. Robert miró su reloj con impaciencia. El Doctor Julius Laramie, su viejo amigo y punto de contacto en el Centro de Investigaciones de NASA en Moffet Field cerca de Mountain View, le había ofrecido quedarse tarde y esperarlo para discutir detalles de los recientes eventos. Él había preferido reunirse cuando la mayoría de la empleomanía y la administración del centro se hallarían en camino a sus hogares y así la visita sería, si no ignorada en el registro de entrada, al menos no observada por los que conocían la historia.

Robert se sentía muy agradecido de la oferta de su amigo y no quería molestarle más de lo que era necesario. Su instinto le decía que este gesto generoso iba a ser posiblemente lo último que el Doctor Laramie podría hacer en su favor por mucho tiempo, aunque Robert continuaba ilusamente esperanzado en alguna solución mágica. El viaje del aeropuerto al centro de Moffett a través de la Ruta 880 y después la Ruta 101 iba a tomar algún tiempo, particularmente a esa hora de máximo tráfico, y Robert le pidió al taxista que tratara de hacerlo lo mas pronto posible. Colocando el portafolio marrón que traía a su lado en el asiento cerró y masajeó sus oscuros y cansados ojos como si tratara de evitar las imágenes problemáticas que le continuaban a venir a su mente.

Unos meses atrás, en respuesta a límites presupuestales impuestos por el Congreso a NASA y como resultado de los accidentes del Trasbordador de los años pasados, el Challenger en 1986, Columbia en el 2003, la Agencia había encontrado conveniente reclasificar algunas categorías de gastos que podían ser menos permanentes, es decir mas ajustables y variables. Todo era abierto, en realidad intentada como una nueva política de relaciones públicas, pero le daría a los administradores del programa espacial la oportunidad y la flexibilidad de incurrir los gastos solamente cuando se necesitaba mientras esperaban por la continuidad del titubeante programa espacial y las distribuciones de fondos de un gobierno federal tacaño que mostraba síntomas de estar perdiendo su paciencia.  

Uno de esos “gastos” estaba relacionado con los sistemas de soporte de observación y radar que se requería en el lanzamiento del Trasbordador. Aunque era cierto que los cielos sobre la tierra proveían suficientes satélites civiles y militares capaces de mantener sus ojos sobre nuestras vidas y las delicadas actividades del Trasbordador, había áreas del globo, particularmente en el extenso Océano Pacifico, donde la adición de una redundancia técnica podía ser de beneficio en caso de emergencia. 

No solo había necesidad de tener un puesto de observación que vigilara la senda, planeada o accidental, de la nave espacial, sino que la precaución y el sentido común requerían una net de seguridad; una estación de aterrizaje móvil localizada estratégicamente en algún lugar donde las Focas Navales, los llamados Navy Seals, y otros expertos en rescate, pudieran encargarse de proteger las vidas de los astronautas si las circunstancias lo requerían. La tragedia mas reciente del accidente de Colombia era un buen ejemplo. Y, por encima de todo, tenia mucho valor de relaciones públicas con el Congreso y el resto de nosotros. Con la constante presencia y asistencia directiva y el soporte moral de su buen amigo y antiguo compañero de dormitorio de la universidad el Doctor Laramie, Robert Jonson había recibido un contrato de NASA para proveer ese tipo de estación de emergencia marítima.

El ingeniero náutico de cuarenta y siete años recientemente cumplidos se volvió extático. Inmediatamente comenzó a trabajar con entusiasmo para cumplir con su parte del contrato. Algunos años atrás, al principio de la década de los noventa, tan pronto Robert regresó lleno de ambiciones y renovada creatividad tras su participación en las operaciones navales de la primera guerra de Irak, decidió invertir en una empresa que le era familiar: investigaciones oceánicas. Uno de los barcos anclados en Long Beach había sido parte de la flota de vigilancia electrónica de la Marina durante la difunta Guerra Fría y había sido retirado después de ser despojado de su tecnología secreta. Si embargo, la nave había sido dejado con suficiente equipo para poder servir como estación meteorológica, actividades petroleras alejadas de la costa o proveyendo instalación de cable de fibra submarina contratado por compañías telefónicas internacionales.
 
Con su propio dinero, el de sus familiares y amigos con recursos y un préstamo de bajo interés de la Administración de Pequeños Negocios del gobierno, Robert había obtenido una cantidad grande de dinero que le ofreció la oportunidad de contratar algunos de sus antiguos desempleados compañeros de la Marina y comenzar su nuevo negocio.

La empresa, sin embargo, no había sido siempre muy exitosa y venturosa y a veces tenía dificultades sustentando su nómina de pago. El nuevo contrato con NASA había caído como una bendición del cielo. Era bueno para el negocio y le dio credibilidad adicional con clientes corrientes o potenciales. Robert no desperdició un minuto en sacar al barco del muelle para las primeras pruebas requeridas por la agencia espacial. La nave tendría que pasar por algunos exámenes, ser certificado por NASA para su tarea como soporte y entonces sentarse a esperar; tal vez encontrar algún trabajo mundano cuando se necesitara hasta el próximo lanzamiento del Trasbordador, que se esperaba aproximadamente en cinco meses.

El Próximo Capitulo Dos. La crisis en el mar Parte I.

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